Memorias del ayer.

Cuando amaste demasiado a alguien, sea como sea, uno no quiere perder la relación con esa persona. Aunque solo haya sido una simple amistad más para él, un cero a la izquierda. Al menos eso siento, no puedo no es la palabra, no quiero sí. La verdad es que, yendo al grano, no puedo lograr comprender como una persona que logró obtener eso que tanto deseaba pudo, arruinarlo todo. Suena injunto, suena estúpido, patético también. Pero hay personas que no valoran lo que tienen y lo echan a perder con tanta facilidad. Como si no le importara lo que tiene, lo que eso sintió por uno. Lo tomo como un juego, un hobby, porque si hubiese estado enamorada no hubiese hecho todo lo que hizo. Yo no lo haría. No me gustaría que alguien se sienta mal por mi culpa, la verdad que no. No arruinaría algo. Lo distinto de todo esto es que yo siento y pienso. 
Admito que perdí años, tiempo, oportunidades amorosas, pero aprendí a amar. Y sé que lo que sentí no fue en vano. Nunca me había enamorado, nunca sufrí tanto por amor, nunca me importó tanto alguien, nunca esperé tanto, nunca deseé tanto, nunca soñé tanto, nunca me había rendido, nunca me costó tanto olvidar a alguien.
Y después de la tormenta, lo que quedaba de mí, seguía siendo de él. Impresionante como uno ama a alguien y esa persona te ignora. Claro que es el duro juego de la vida, pero ese amor era una droga, y estoy segura de que no era un capricho.