Así que... corre, corre, corre, corazón.

He visto a decenas de personas entrar y salir de mi vida durante años. Me duele, sí, pero no hago nada.
 La verdad es que siempre me he quedado observando la espalda de la gente que se va, nunca he corrido para alcanzar a alguien.

El problema es que esta vez, por muy ridículo o inverosímil, no quiero ver una espalda, quiero correr y alcanzar a alguien.